jueves, 24 de septiembre de 2009

Elliott Smith, mi homenaje (publicado en Go Mag, 2004)


Belleza maldita

“So sick and tired of all these pictures of me” (Elliot Smith, “Pictures of me”).


Sabemos que no querías estar aquí, que la vida te pesaba demasiado y por eso decidiste. Nos has dejado grandes retratos repletos de desencanto y frustración y también un arma de doble filo: tu sensibilidad extrema, esa que te quitó de enmedio tan pronto, dejándonos a todos un poco más solos. Va por ti, Elliott…

Él mismo lo decía en una entrevista a “Los Angeles Times” concedida en el 98: “no siento que mis canciones sean particularmente frágiles o reveladoras”. Así era Elliott Smith, alguien en lucha constante consigo mismo y con su propia realidad, a la que odiaba sobredimensionar. Si es cierto que el ser humano lo es en cuanto a las cosas que le pasan y no por las cosas que hace, está claro que sin todo ese poso de insatisfacción que envolvió a su persona su música no sería tan bella, tan extrema y a su vez tan repleta de luces y sombras. Pese a todo, será siempre uno de los artistas más prolíficos, más auténticos (porque no cabe duda, su sufrimiento nunca fue una pantomima) y con mayor capacidad para destilar en partes iguales la melancolía más inocente con la desesperación más cruda, como sólo pueden hacer aquellos para los que la música es su tesoro más preciado.

El círculo se cerró


Elliott Smith nació en Omaha (Nebraska) un 6 de agosto del 69, hijo de una cantante y un psiquiatra. Antes de afincarse en Portland, pasó parte de su infancia junto a su madre en Dallas. Y Elliott Smith perdió su batalla contra las drogas, el alcohol y la depresión hace ahora poco más de un año. Fue el 21 de octubre del 2003, cuando contaba 34 años y su novia, Joanna Bolme, encontró su cuerpo en su apartamento del barrio de Echo Park, en Los Angeles. “Me enteré en seguida de que pasó, porque la gente sabía que lo conocía, así que me llamaron esa misma mañana, muy temprano”, dice Russell Simins, batería de Blues Explosion. Elliott y él eran buenos amigos y habían tocado juntos en ocasiones tanto en un escenario (donde Smith llegó incluso a tocar el bajo con Blues Explosion) como en estudio. Otros artistas de la talla de Ron Sexsmith, Moby o Eels han rendido tributo al artista, pero sin duda una de las bandas que más cercanas han estado al músico ha sido Blues Explosion. Elliot era un fan declarado de los neoyorquinos, pese a practicar una música tan dispar a la suya.

Enigmas sin cerrar
Mucho se ha especulado sobre su desaparición, como suele acontecer con todo músico muerto en circunstancias atípicas: sin querer entrar en demasiados detalles morbosos, lo cierto es que enseguida saltaron las voces que advertían de lo complicado que resultaba entender que un individuo, sin ayuda de nadie, lograse apuñalarse mortalmente y por partida doble. La investigación sigue abierta, pero lo único que sabemos es que a su lado encontraron un cuchillo ensangrentado y que, fuera como fuese, Elliott está muerto. Algo doloroso que lo convierte más que en un mártir del rock en un suicida romántico. Porque para Elliott, como para cualquier artista del sXIX, la vida era una auténtica ambivalencia.

Con todo, pese a estar sumido en un auténtico pozo, quería salir de él. No me gustaría imaginármelo mortificado las 24 horas del día, porque además no era así: “Es frecuente ver a Elliott sin parar de bailar en los conciertos de Blues Explosion. Es muy buen chico, con mucho talento y además honesto. Cuando salimos siempre es auténtico y divertido, no le importa nada el hecho de que sea una estrella. Es una persona con los pies en la tierra”. Resulta curioso que gran parte de los entrevistados deciden hablar del músico todavía en presente. Se lo digo a Russell y a él le parece normal “claro, para mi sigue aquí… vale, intentaré hablar en pasado: solíamos tocar música juntos, ir a comer, hablar de tonterías, hacer chistes, hablar de estudios de grabación, ya que los dos teníamos uno…también sobre instrumentos.”

Pasión en claroscuro

Todo aquel que llegue al fondo de sus canciones verá, además de una profunda melancolía, un intenso amor por la vida. Algo patente ya desde su primer disco en solitario (antes formó parte de la experiencia punk Heatmiser) “Roman Candle (Cavity Search, 1994).

Christopher Cooper fue uno de los fundadores de Cavity Search, el sello que lanzó tanto a Heatmiser como a Elliott en solitario. Él y Smith vivieron una amistad que se prolongó diez años, hasta su muerte. Así empezó todo: “En 1993 recibí un cassette de cuatro pistas que Elliott grabó en su mesa de cocina con su guitarra, micrófono, cuatro pistas y un tarro de café…¡el material me enloqueció! Era tan tranquilo, y a la vez tan intenso y fuerte… como una bomba suave o un martillo de terciopelo. Su música llegó completamente a mis oídos, era como un asalto: me despertaba en medio de la noche con sus letras latiendo en mi cabeza, mientras escuchaba el disco día tras día…cuando me acerqué a Elliott y le hablé de lanzarlo, él estaba dudoso y temeroso de que esto interrumpiera lo que intentaba hacer con Heatmiser, pero le convencimos para que nos dejara lanzarlo en Cavity Search. Ese material se convirtió en su primer LP en solitario, “Roman Candle”.

Además de ese vitalismo que me empeño en recalcar, Elliott insistía en no hundirse. En una entrevista concedida en marzo del 2003, seis meses antes de morir, mostraba la esperanza: “incluso en situaciones desesperadas, puedes encontrar pequeñas victorias”. Christopher apunta: “él y yo éramos grandes fans de la música y podíamos beber y hablar de esto todo el rato, yendo a ver a grupos juntos. Había veces que yo decidía mantenerme despierto con él hasta bien llegada la mañana, intentando convencerle de que se mantuviera vivo, que la gente lo quería en este mundo, tanto a él como persona como al talento que llevaba dentro. Digamos tan sólo que él tenía sus demonios y sus propias formas de arreglárselas con esos demonios. Me gustaría que la gente supiera que aunque Elliott era una persona muy inteligente y vívida (y tenemos su música como fiel retrato).,.bueno..¡ pues que también era bastante memo! Tenía un increíble sentido del humor y le encantaba reír. Como quiera que sea que murió, su desaparición es una gran pérdida para el mundo de la música y para la gente que fue afortunada por conocerlo. Era una bella persona, con un talento increíble… yo lo echo mucho de menos”.

Muchos de sus compañeros hablan de la generosidad de Elliott. Uno de los ejemplos claros es el testimonio de Stian Olsen, batería de los noruegos Beezewax: “Elliott estaba de gira con el “Figure 8” en Inglaterra mientras yo lo estaba también con mi grupo. Teníamos un día libre en el que decidimos bajar a Brighton para ver a Elliott en concierto, en el Brighton Concorde. Cuando llegamos nos decepcionamos mucho: estaba sold out. Cabizbajos, pasamos por delante del restaurante donde Elliott cenaba y decidimos hacer un intento desesperado de entrar al show. Le escribimos una nota y la colgamos en la puerta del restaurante: ‘Querido Mr. Smith, sentimos interrumpirle su cena pero somos una banda de Oslo que estamos de gira, hicimos un montón de kilómetros en nuestro día libre para verle… ¿existe alguna posibilidad de entrar en el show?’ entonces vino corriendo hacia la puerta, con un gran gorro cubriéndole toda la cabeza, y ahí empezó nuestra amistad. Era alguien muy tímido pero muy buena persona. El día que lo conocí fue uno de los más bonitos de mi vida. Me acabo de comprar su último LP y creo que mucha gente lo va a echar de menos como compositor, artista y gran fuente de inspiración.”

También Neal Casal tiene palabras de recuerdo para Elliott Smith. El compositor norteamericano reside en el mismo barrio de Los Angeles en el que Elliott pasó una larga etapa de su vida y de la que quedaron canciones como “Living in LA”, que delatan su relación de amor y odio por esta ciudad. Para él, lo de su suicidio no deja de ser algo que se veía venir “todos en la escena de Los Angeles sabíamos que cualquier día podía pasar”. Elliott sigue presente en su ciudad, y como muestra un detalle: “El artwork de su LP ‘Figure 8’ está realizado por Autumn Dewilde, quien también se encargase, entre otros, del primer LP de los angelinos Beachwood Sparks (de ahí que ambos se inspiren en las ondas psicodélicas). Elliott posa aquí en primer plano y a sus espaldas tiene un muro que, una vez muerto, se ha convertido en el lugar donde sus fans lloran su muerte desde el primer día que aconteció, con miles de firmas, flores y dedicatorias. Siempre hay algo allí para él”

Back to the roots
Sea como fuese, él era todo un músico “high quality”, destinado a ser el cronista número uno de la imperturbable belleza que acarrea la insatisfacción. Y es que quedan pocos personajes actualmente capaces no sólo de cantar, sino de escribir unas letras en apariencia nada complicadas, pero que rechazan la obviedad. Y todo ello, sin dejar de controlar y disfrutar del propio proceso de creación artística, algo que siempre le obsesionó.

Pese a que sus últimos LP’s en vida son decididamente más sofisticados -no así su disco póstumo-, el espíritu artie nunca le abandonó: todo indica que Elliott estaba en ese punto de su trayectoria en el que quería reencontrarse con los fans de sus primeros discos. Por eso pidió un año sabático a DreamWorks para conseguirlo, o al menos eso es lo que la prensa afirma.

Siguiendo con la sarta de virtudes que rodeaban a este músico, es digno recordar que Elliott tocaba muchas veces él mismo todos los instrumentos en sus discos, sobre todo destacando como batería. Esto es algo que sin duda demuestra con creces en “Either/Or”, un mérito que le hizo ganarse el reconocimiento e interés del mismísmo Ray Davies, de quien Smith versioneó “Waterloo Sunset”. A propósito de sus habilidades como instrumentista, Simins corrobora las palabras de Davies: “siempre me dijo que yo y Steven de Flaming Lips éramos los mejores baterías del mundo, pero él era también era muy bueno dándole a los platos. Además, tenía un kit que me gustaba mucho. “

“Nadie me va a arrastrar a una muerte a la que no estafaré”
Elliot mantuvo en sus últimos días esa gran dualidad en sus planteamientos profesionales que acompaña a muchos artistas de querencia lo-fi cuando logran un cierto reconocimiento musical. Y es que pese a publicar últimamente sus LPs en multinacionales, en agosto del año pasado decidió lanzar su single "Pretty (Ugly Before)" en edición limitada de siete pulgadas para el sello Suicide Squeeze.

Seguramente se sentía así más cómodo que actuando en una gala de los Oscars, pero sea en un caso o en el otro, siempre estuvo en tierra de nadie. Demasiado indie para gustar a las masas, demasiado atípico para ser catalogado en ninguna de las tendencias que triunfaban en el panorama independiente de los noventa: “a Elliott sólo le preocupaba ser un buen músico, con buenas canciones”, dice Simins. Le pregunto si acaso por eso nunca ha sido reivindicado como debiera, “no sé, quizás tengas razón, pero él no quería ser una estrella, sabía que eso era cool sólo para un rato. Hablábamos mucho sobre el negocio de la música, de cómo tiene mucha mierda de por medio. También de las cosas que los dos detestábamos de este negocio. Nunca nos cuestionábamos cómo serían las cosas si él fuera diferente, porque para mi Elliott ya era una estrella."

Por supuesto que lo era. Por eso a una le vienen a la memoria capítulos tan penosos como esa famosa nominación por “Miss Misery”, canción incluida en el film “El Indomable Will Hunting” de Gus Van Sant. Por cierto que su director es otro originario del lugar de infancia de Smith, Portland. Con dicha canción Elliott conseguiría la nominación al Oscar en 1997. Bien, pues el premio final indudablemente no sería para él sino para la pastelosa Celine Dion con su canción del Titanic. Mientras ella se desgallitaba cantando al barco que se hundía, Elliott seguía intentando salir a flote. Paradojas de la vida, pero él lo conseguía, unas veces con más éxito que otras. Dice una de sus letras: Eso, y frases como éstas, fueron curiosamente escritas por él mismo y registradas en su último disco: “he visto el final, he luchado, no es mi hora todavía, seguiré adelante”…

Quizá alguien se lo leyó alguna vez, pero a él no le fue suficiente. Me refiero a las palabras de Pete Townshed, quien decía que el arte servía para exorcizar demonios. De todos modos en la obra de Smith quedarán siempre muchas preguntas sin respuesta, o acaso todas ellas viajan etéreas a través de sus melodías. Son el secreto a voces de un artista cuyos interrogantes siempre formarán parte de la mágica y misteriosa belleza que impregna sus canciones. Esa sencillez que apunta directa al lugar más vulnerable de nuestras almas.

SU MÚSICA...


“Roman Candle” (1994, Cavity Search). Grabado mientras seguía con su banda Heatmiser, incluye temas que intuyen esa luz que todavía vislumbraba, cuando aún no se acercaba al final del túnel, como la conmovedora belleza de “No Name 1” o la cristalina pieza folk con armónica de “No Name 2”. Introduce uno de los temas claves de su trayectoria lírica: las dificultades en las relaciones sentimentales y la soledad. Dos viejos fantasmas que junto con su adicción al alcoholismo (reconocida por el mismo durante su etapa del 97, cuando residía en Nueva York) y las drogas le metieron de cabeza en un callejón sin salida. Se cierra con un tema que haría las delicias de cualquier seguidor del country más alternativo: el instrumental “Kiwi Maddog 20/20”.

“Elliott Smith” (1995, Kill Rock Stars) suponía la consolidación del músico como maestro de las melodías y de la sencillez, mientras él pensaba en dejar Heatmiser. Una guitarra y una voz que suenan directas, en ocasiones muy crudas, como si la distancia entre el oyente y el mismo Elliott fuera de escasos metros. Letras que dejaban en evidencia su adicción a la heroína y una inmediatez que echaríamos de menos en discos posteriores.

“Either/Or” (1997, Kill Rock Stars). Más rock y probablemente uno de los más sixties de su carrera, con violines y teclados que rememoran el sonido de esa década (la magnífica “Ballad of Big Nothing”) sin dejar de lado unas letras autodestructivas (“Pictures of me”) y otras más vulnerables (“2:45 am”). De nuevo demuestra esa inusitada habilidad de algunos músicos para hacer que sus oyentes conecten con una melodía aún sin detenernos a comprender sus letras, tan sólo intuyendo lo que hay detrás de éstas.

“xO”
(1998, Dreamworks). El disco fue criticado por el salto a una multinacional, pero lo cierto es que no pierde las coordenadas melódicas de sus anteriores trabajos. Se empieza a intuir su intención de seguir engalanando las canciones con más arreglos de piano y de cuerda, pero por lo demás es uno de sus LP’s más consistentes y tristes: "I always feel like shit / I don't know why, I guess that I just do”…


"Figure 8"
(2000, Dreamworks) . Su LP más ecléctico, con mucha más instrumentación que pasa a un primer plano. Tiene algunas pegas importantes, y es que su voz suena más pulida y más distante y sus letras no aportan muchas más novedades a un discurso nihilista o, para otros, más bien sarcástico ( “Everything means nothing to me”). Un álbum que se fija demasiado en los clásicos del pop y queda desdibujado por el exceso de instrumentos. Con todo, es sin duda el más radiofónico de toda su carrera.

“From a Basement on the hill” (2004, Domino) El disco en el que estaba trabajando Elliott cuando decidió suicidarse iba a ser doble, ya que tenía más de 30 canciones. Supone un afortunado retorno a sus primeros trabajos, a esa inmediatez de obra intimista y casera que él quería recuperar. Un trabajo que, pese a dejarnos la eterna duda de si era esto lo que él buscaba, nos devuelve a la esencia de su obra. Su buen puñado de crudas odas a la desesperación ya apuntaban a lo peor.

La carta: de un amigo a un amigo...

De todos las opiniones acerca de Elliott Smith que hemos recopilado esta es una de las más sentidas. Pertenece a Alex Steiningner, director del sello, promotora y fanzine de Portland “In Music We Trust”, y amigo personal de Elliott Smith. Reproducimos unos fragmentos de esa carta que nos ha hecho llegar:

"Querido Elliott: Sé que nunca leerás esto, pero tengo que quitarme este peso de mi pecho. Acabo de recibir una copia de “From a Basement on the Hill” y necesitaba hablar con alguien. Ya que tú eres el único que escribió el disco, creo que debería hablar contigo. Quizás estás leyendo esto, donde quiera que estés… Recuerda cuando estábamos en el Colosso aquella noche, con Sean Croghan (o mejor, estábais tú y Sean, yo me acoplé con vosotros). Empezamos a hablar y salió lo del suicidio. Te dije que estaba muy deprimido (la estúpida mierda adolescente como el no poder conseguir una cita, el ser virgen, el sentirme como un loser colgado, etc). Te dije que seguía teniendo unos pensamientos recurrentes acerca de suicidarme y que mi mayor pánico era que si me suicidaba a nadie le importaría y mi funeral estaría vacío.

Bien, tú me dijiste que estarías triste si me quitaba la vida. Seguiste tratando de convencerme de que mucha otra gente se preocuparía por mi también, todos mis amigos y mi familia, y que tu miedo no era que tu funeral estuviera vacío, porque tú sabías que no lo estaría. Pero sí te asustaba el pensar que seis meses después de tu muerte, después de todo ese periodo de sufrimiento, la gente seguiría adelante y se olvidaría de ti.

Tengo que decir que fuiste listo. Dejaste detrás un LP casi terminado y tuviste a tu familia y amigos para acabarlo y lanzarlo un año después de tu muerte. Por el contrario, ¡el lanzamiento del LP un año después significa que ganaste! La gente se acuerda de ti pasados más de seis meses, así que tu mayor temor no se materializó. (…)

¿Por qué? ¿por qué? Seguro que muchos se lo han preguntado y habrán querido ver una respuesta para sentirse más seguros, mientras que otros nunca se atreverá a responder a esto, porque la verdad es que nadie lo sabe, a parte de ti, pero tú te fuiste y no puedes decirnos la razón. Ni siquiera en una canción. (…)

Ahora me siento aquí para escribirte, Elliott, pensando otra vez en esa noche en el Colosso. Cómo me sentí renovado, seguro, feliz. No importaba que no pudiera encontrar a ninguna chica para salir. Ni si no podia tener sexo. No sentía que tuviera muchos amigos. Pero me hiciste ver que era amado y querido y que me echarían de menos si me iba. Pensé que enseñándome esto, tú aprenderías la lección. (..) Elliott, te echo de menos. Todos nosotros.Pero gracias por ese regalo que es tu música. Y gracias por el tiempo que pasamos juntos.

Te quiere, Alex Steininger

Te quiere (también) Alicia Rodríguez...

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